La auditoría de la AGN registró una pérdida operativa de u$s1.023 millones por derivados, mientras que el Banco Central defendió una ganancia neta de u$s2.505 millones al considerar la valorización integral del metal.
La auditoría de la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre los estados contables del Banco Central de la República Argentina (BCRA) al cierre del ejercicio 2025 consignó una pérdida operativa de u$s1.023 millones vinculada con operaciones de cobertura sobre las tenencias de oro. La autoridad monetaria, en cambio, sostuvo que la posición integral en el metal precioso dejó una ganancia neta de u$s2.505 millones.
La posición en oro pasó de u$s5.206 millones al 31 de diciembre de 2024 a u$s8.585 millones al cierre de 2025. La diferencia, cercana a u$s3.379 millones y equivalente a los $8 billones consignados en los informes, refleja la apreciación patrimonial del activo. Al descontar el costo de los derivados, el resultado se aproxima a la cifra neta defendida por el BCRA.
El debate se concentra en la diferencia entre esa valorización contable y el flujo de fondos. La suba del precio del oro no representa dólares disponibles para intervenir en el mercado cambiario, afrontar vencimientos de deuda soberana o asistir al sector importador, salvo que el BCRA venda el oro físico. En cambio, la pérdida asociada con los derivados implicó una obligación contractual liquidada en dólares líquidos.
Las precisiones técnicas difundidas sobre la estrategia indican que la cobertura habría establecido tanto un piso como un techo de precio, en una estructura conocida como collar. Martín Redrado, ex presidente del BCRA, se refirió a ese diseño. Cuando la cotización internacional superó el límite pactado, la diferencia se habría compensado con dólares, ya que este tipo de derivados no contempla la entrega física del oro. La operación quedó expuesta al avance del precio internacional del metal, en un escenario marcado por tensiones geopolíticas y expectativas inflacionarias globales.
La administración de las reservas también generó cuestionamientos por la comunicación oficial. El traslado de oro físico al exterior fue explicado inicialmente como una medida para mejorar la rentabilidad y, semanas atrás, como un arbitraje técnico para sustituir oro “viejo” por “nuevo”. Parte de las reservas había sido adquirida a partir de 2007, mientras que los estándares Good Delivery de la London Bullion Market Association (LBMA) contemplan que menos de dos décadas no implican por sí solas un deterioro que justifique una operación logística de esa magnitud. La falta de precisiones, resumida en la respuesta oficial “No tengo más información del tema para compartir”, alimentó el debate sobre la transparencia, la previsibilidad y el costo de oportunidad de la estrategia del BCRA.