Las estimaciones modernas llegan a calcular fortunas de hasta u$s3 billones, pero la falta de registros contemporáneos impide establecer un patrimonio comparable con el de otros grandes gobernantes.
Las descripciones bíblicas del reinado de Salomón mencionan grandes cantidades de oro, tributos, palacios y una corte extraordinaria. Sin embargo, convertir esa riqueza, acumulada hace casi 3.000 años, en una cifra equivalente a las fortunas actuales presenta dificultades históricas y económicas.
El Primer Libro de los Reyes señala que el monarca recibía 666 talentos de oro por año. Si se toma como referencia un peso estimado de 75 libras por talento, esa cantidad representa unas 50.000 libras de oro, equivalentes a aproximadamente 22,7 toneladas métricas. Con un precio hipotético de u$s3.000 por onza troy, el valor actual rondaría los u$s2.200 millones.
El relato bíblico atribuye a Salomón un reinado de 40 años. Multiplicar el ingreso anual estimado por ese período daría más de u$s87.000 millones, aunque el cálculo supone que recibió exactamente la misma cantidad cada año y que no gastó, entregó ni utilizó parte del oro. Las estimaciones que hablan de una fortuna de u$s3 billones también incorporan tierras, tributos, comercio y el poder económico del reino, pero esa cifra no aparece establecida en la Biblia.
La leyenda sobre sus riquezas se vinculó además con las llamadas minas del rey Salomón, una imagen popularizada por la novela Las minas del rey Salomón, publicada por H. Rider Haggard en 1885. La Biblia menciona que llegaba oro desde un lugar llamado Ofir, aunque no afirma que existiera una mina propiedad del monarca. En el valle de Timna, al sur del actual Israel, investigadores encabezados por Erez Ben-Yosef, de la Universidad de Tel Aviv, estudiaron centros de producción de cobre cuya actividad fue ubicada en parte en el siglo X a. C., el período asociado con Salomón. Los hallazgos muestran una industria organizada y redes comerciales, pero no prueban que el rey fuera dueño de esas explotaciones, que producían principalmente cobre y pudieron estar controladas en parte por grupos locales, entre ellos los edomitas.
La ausencia de una inscripción contemporánea universalmente aceptada también impide reconstruir el patrimonio personal de Salomón. Los arqueólogos debaten el tamaño de su reino y el alcance de su poder, así como el grado en que los relatos bíblicos reflejan la realidad del siglo X a. C. Por esa razón, muchos rankings no le asignan una fortuna definida, a diferencia de figuras como Mansa Musa, John D. Rockefeller o Andrew Carnegie, aunque incluso en esos casos las comparaciones con valores actuales tienen limitaciones.