Una reflexión publicada en 1851 contrapone la ocupación de las horas con la decisión consciente sobre cómo vivirlas.
El tiempo puede contarse en horas, pero su valor no se define únicamente por la cantidad transcurrida. La manera en que cada persona elige ocuparlas establece una diferencia entre mantenerse entretenido y dedicar la atención a aquello que considera importante.
Arthur Schopenhauer abordó esa distinción en Parerga y Paralipomena, obra publicada en 1851 en la que reunió ensayos y reflexiones sobre la existencia y la conducta humana. Allí aparece una de sus frases más conocidas: “El hombre común se preocupa por cómo pasar el tiempo; el hombre inteligente, por cómo usarlo”.
La expresión “pasar el tiempo” alude a buscar actividades que permitan ocupar las horas, como el entretenimiento, las distracciones o acciones realizadas casi de manera automática. En cambio, “usar” el tiempo supone orientarlo hacia algo que cada persona considera valioso.
Para esa mirada, aprovechar las horas no equivale necesariamente a trabajar más, ser productivo o completar una lista de tareas. Descansar, reunirse con amigos, leer o no hacer nada también pueden constituir elecciones deliberadas, siempre que respondan a un sentido definido por quien las realiza.
La reflexión también diferencia la cantidad de actividades de su valor. Una jornada cargada no implica por sí misma un buen uso del tiempo, del mismo modo que un período breve puede resultar significativo si se destina a algo importante. La propuesta de Schopenhauer, en ese sentido, no consiste en llenar más los días, sino en establecer una relación más consciente con las horas disponibles.