La elección de Nicolás Ramírez como árbitro principal había sido considerada lógica, pero su tendencia a consultar al VAR puso el foco en la designación de Trucco.
Antes de que se conocieran los nombres de los árbitros del Superclásico ya habían aparecido advertencias y prevenciones vinculadas con el arbitraje. En este tipo de partidos, las quejas de River y Boca suelen alternarse según los antecedentes y las decisiones que cada club considera perjudiciales.
La terna integrada por Nicolás Ramírez, Facundo Tello y Yael Falcón Pérez era considerada una de las mejores opciones disponibles. Finalmente, Ramírez quedó a cargo del partido, aunque atraviesa un momento de mayor duda y dependencia de las intervenciones del VAR.
Por esa característica del árbitro principal, la elección del encargado del VAR adquirió especial relevancia. Federico Beligoy designó para esa función a Silvio Trucco, una decisión cuestionada por su antecedente reciente en Central Córdoba-Estudiantes, donde cometió un error reglamentario.
Además, en otro encuentro Trucco llamó tres veces al árbitro para que modificara decisiones, todas favorables a Belgrano frente a River. Esas intervenciones fueron consideradas muy discutibles.
Las advertencias públicas previas al clásico pueden aumentar la presión sobre el árbitro. En ese contexto, la designación de Trucco en el VAR no contribuye a reducir la desconfianza que ya expresaron desde River, mientras que desde Boca también hubo quejas antes de partidos anteriores.