El retroceso estuvo liderado por maquinaria y equipos, mientras la construcción avanzó 4,5%. La debilidad de la actividad, el crédito escaso y el impacto inicial limitado del RIGI demoran la recuperación.
La inversión real bruta registró en septiembre una caída interanual del 5,2% en términos de volumen físico, según la medición de la consultora de Orlando Ferreres. Durante los primeros nueve meses del año, el indicador acumuló un retroceso del 7,6%.
El desempeño fue dispar entre los principales componentes. La inversión en construcción creció 4,5% frente al mismo mes del año anterior y volvió a mostrar una variación positiva después de cinco meses de caídas. En cambio, el gasto en maquinaria y equipos se contrajo 12,3% interanual: los equipos nacionales disminuyeron 3,8% y los importados, 17,2%.
Los especialistas de Orlando Ferreres señalaron que la mejora de la construcción no alcanzó para compensar el descenso observado en las importaciones de bienes de capital durante el noveno mes. La consultora evaluó que la inversión continúa débil.
Federico Glustein vinculó la contracción con la debilidad de la actividad económica y con la capacidad todavía limitada del RIGI para impulsar al conjunto del aparato productivo. También sostuvo que la caída de la inversión pública no está siendo compensada por el sector privado, en un contexto de decisiones postergadas de ampliación y renovación de capital.
Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, identificó como obstáculos la baja rentabilidad esperada, las ventas reducidas y el aumento de las tarifas de servicios públicos. Además, señaló que las tasas son elevadas, la oferta de crédito en pesos es escasa y el financiamiento en dólares se concentra en exportadores. A su entender, el RIGI todavía no genera una masa significativa de inversión extranjera directa.
La evolución del índice muestra una caída marcada entre finales de 2023 y mediados de 2024, con un piso alrededor de marzo de 2024, seguida por un rebote desde finales de ese año y durante el primer semestre de 2025. Para el tramo final de 2025 y 2026 se proyecta un amesetamiento, con predominio de variaciones interanuales negativas. Desde Orlando Ferreres indicaron que no hay señales de una reacción en el corto plazo, aunque una mejora macroeconómica y el desarrollo de la minería y la energía podrían favorecer una recuperación a más largo plazo. Glustein ubicó una recuperación potencial más sólida cerca de 2027.