Lula obtuvo su cuarto mandato en Brasil y la elección impactó en la política regional

El presidente electo logró el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, en un proceso que generó pronunciamientos de gobiernos latinoamericanos y tensiones diplomáticas.

Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo su cuarto mandato presidencial en Brasil al imponerse en el balotaje del domingo 25 de octubre con el 51,79% de los votos válidos. Flávio Bolsonaro alcanzó el 48,21%, una diferencia superior a los 4,4 millones de sufragios. El candidato derrotado había terminado primero en la primera vuelta, pero no logró sostener esa ventaja.

Bolsonaro inicialmente se negó a reconocer el triunfo y cuestionó la decisión judicial que extendió durante dos horas la votación. También anunció que pediría la anulación de los comicios. Sin embargo, ambas campañas habían solicitado una prórroga, aunque Lula la había reclamado para todo el país y Bolsonaro para determinadas localidades afectadas por problemas climáticos. El Partido Liberal terminó reconociendo oficialmente el resultado, aunque mantuvo objeciones sobre el procedimiento electoral.

Tres días después de la elección, Flávio Bolsonaro llegó a Miami luego de pasar por la Argentina y Ecuador, y se proclamó víctima de un golpe electoral. Mientras era investigado por la Justicia brasileña por presuntas irregularidades financieras y tenía orden de entregar sus pasaportes, había abandonado Brasil junto con su familia. Desde Estados Unidos publicó una carta en la que primero se presentó como presidente electo y luego se definió como legítimo líder de Brasil. También agradeció a Javier Milei por su ayuda durante el viaje y a Donald Trump por recibirlo.

Trump había afirmado el 26 de octubre que la elección brasileña parecía haber sido manipulada, sin presentar pruebas. A la vez, sostuvo que no había tomado partido por ninguno de los candidatos y que mantenía una buena relación con Lula. El 31 de octubre dijo que Bolsonaro podía permanecer en Estados Unidos el tiempo que quisiera, aunque aclaró que no planeaba reunirse con él. Ese mismo día, el secretario de Estado Marco Rubio negó que su gobierno hubiera facilitado la salida de Brasil. Washington autorizó el ingreso de Bolsonaro, pero no reconoció su pretensión de atribuirse la presidencia brasileña.

La victoria de Lula recibió felicitaciones de Claudia Sheinbaum, Yamandú Orsi, Miguel Díaz-Canel, José Antonio Kast, Santiago Peña, Daniel Noboa y Keiko Fujimori. Kast conversó por teléfono con el mandatario brasileño y resaltó la importancia de continuar el trabajo en integración económica y seguridad; Peña destacó la agenda compartida entre Paraguay y Brasil, y Noboa mencionó los desafíos comunes de la región. El presidente colombiano Abelardo de la Espriella reconoció sus diferencias políticas e ideológicas con Lula, pero afirmó que Brasil y Colombia se necesitan mutuamente. Venezuela también transmitió un reconocimiento institucional, aunque Delcy Rodríguez no se pronunció personalmente.

Javier Milei no felicitó públicamente a Lula y el Gobierno argentino confirmó que no enviaría un saludo oficial. La estadía de Flávio Bolsonaro en territorio argentino derivó además en una tensión diplomática: según fuentes del Gobierno brasileño, la Cancillería convocó a María Emilia Cortés, encargada de negocios de la Argentina en Brasilia, para pedir explicaciones sobre una posible participación argentina en la salida del candidato derrotado. En paralelo, el 30 de octubre Mauro Vieira y Marco Rubio acordaron mantener un encuentro bilateral antes de la próxima cumbre de líderes, durante una reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G20.

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